26 junio 2007

Primavera Sound (y III)

Finalizo esta serie de entradas dedicadas al festival barcelonés con un repaso a los grandes clásicos y otros nombres de la clase media del cartel. Y voy a tratar de ser un poco más breve...

Mark el Humilde

U
no de los momentos más curiosos del festival vino dado cuando, llegando hacia el escenario principal, vimos una fila de planetas perfectamente alineados; absortos y en absoluto silencio, J. y su banda asistía a una clase gratuita de actitud, oficio, presencia y genio impartida por The Fall.

Mark E. Smith, encajonado en el horario entre The Rakes y Maxïmo Park, y a una hora donde todavía se podía ver algún bebé a hombros entre el auditorio más proselitista, dejó claro que, aun figurando para el gran público como actor de reparto en la película del rock del siglo XX, estilos como el post punk o, incluso, el dance rock capitaneado por LCD Soundsystem serían difícilmente imaginables.

Pese a todo, la bestia estuvo relativamente contenida, limitándose a dejarnos en la retina y en la memoria un espectáculo incontestable, pero sin ninguna concesión a la galería de titulares fáciles destinados a alimentar su leyenda de chico malo.

Patti Flores y Lola Smith

Los que siguen este blog de tiempo, saben que nos gusta jugar a esto. Yo nunca había visto a Patti Smith y, desde luego, no soy ningún especialista en ella, por lo que a mitad de conciertos le comenté a una amiga de Huelva: "Es como Lola Flores, ¿no? Pero en rock".

A mí, honradamente, me parece lo mismo. Pura energía, vitalidad que no entiende de edades, transgresión constante, sangre, sudor, sexo, una mujer imponiendo todo su poderío en el escenario, historia...

Siendo como es historia viva del rock, la Smith venía con disco de versiones (Twelve) bajo el brazo. Destacaron dos, una por su fortuna, Soul kitchen, de The Doors, y otra por su inoportunidad, como fue Smells like teen spirit, de Nirvana. Ya se puede llamar Patti Smith o Paco Smith, pero que no me tomen el pelo: bajarle el aire a un tema no es hacer una versión. Por otra parte, con el clásico de Cobain se da la típica situación de que nos encontramos ante una canción que no admite revisiones que, aun sin quererlo, ultrajen su espíritu originario; en la interpretación de la diva, Smells like teen spirit pierde todo el sentido, mensaje y contexto que la han hecho inmortal.

S
onaron mucho mejor los grandes clásicos propios: Gloria o Because the night, el tipo de piezas que, por sí solas justifican toda una carrera y que, dentro de la asombrosa lección que ofreció la veterana artista, permanecerán en la memoria por encima de todo.

Aun así, con Patti Smith se me repitió una sensación que experimento cada vez que veo a algún padre del rock, la misma que había experimentado con The Fall veinticuatro horas antes. Me gusta. No todos los días se puede ver semejante acumulación de raíces. Se palpa nítidamente el origen de la música popular tal como hoy la conocemos, y eso es profundamente emocionante, desde luego, pero al menos a mí me falta un eslabón, el que me una de manera más directa con estos nombres y me haya servido para entablar una relación cotidiana con ellos.

Hablando pronto y mal, no son grupos de mi tiempo, de mi época, por más que el sábado me quedara clarísimo que sin una Patti Smith no habría existido una Kim Gordon. Y lo creo honradamente, pero yo disfrutaré siempre más escuchando a Sonic Youth que a la neoyorquina.

Creo que nuestra generación, los nacidos en los setenta, podemos felicitarnos por haber sido testigos de la evolución del rock; ya hablaba de ello en la anterior entrada. Sonic Youth, Yo la Tengo, Slint, Nirvana y tantos otros, oye, no tendrían por qué haber existido, y la etapa que nos ha tocado protagonizar como espectadores también es muy importante, con grandes nombres que serán recordados dentro de cincuenta y de cien años, de la misma manera que el de Patti Smith.

Trío bien avenido

Tres personas que declaran, tan anchos, que sólo se escuchan a sí mismos... y no, no son políticos. Dos hermanos gemelos -damos fe- y la mujer de uno de ellos. Menudo cuadro. A pesar de todo, Blonde Redhead cuentan con un pasado donde han disfrutado de colaboraciones con miembros de Sonic Youth o Fugazi.

Con una trayectoria salvaje a sus espaldas, los neoyorquinos ofrecen, para los que nos adentramos ahora en su trabajo, un pop desconcertante y dulce a un tiempo, de ambientes inquietantes y armonías inteligentes que, hoy por hoy, recuerda más a los primeros Goldfrapp que a otra cosa. Música para disfrutar en cualquier ambiente, que no chirría ni en el trabajo, ni en el coche, ni en casa, desde luego, pero, ay, la pobre vocalista, Kazu Makino, mostró en escena más de un impulso punk que, claramente, ahora tiene que reprimir, pues ello ya no casa con la línea estética que ha adoptado el grupo. Concierto algo frío, aunque sin un pero posible, donde destacó, sobre todo, la química que permite al trío llevar a directo con gran solvencia un disco tan complicado como 23.

La sorpresa más agradable y otros episodios

E
l viernes a las siete de la tarde se destapó una de las sorpresas más destacadas de esta edición del PS, Evripidis and his tragedies. Afincado en Barcelona hace tres años, Eurípides acaba de estrenar disco homónimo, que muchos fuimos a comprar rápidamente finalizado el concierto. Y es que no hay nada más gratificante que ir a probar cómo suena un artista totalmente desconocido y que éste logre enredarte poco a poco de manera que, finalizada la actuación, te encuentres ante la certeza de que si este tipo no logra vivir de la música es que el mundo anda mentalmente muy cojo.

Co
n un repertorio muy heterogéneo, que varía desde el ye-yé más grisáceo hasta temas mucho más elaborados como Red is the sky above the harbour, Eurípides se mueve en un arco de referencias que van desde Jarvis Cocker a Stephen Merrit, pasando por Burt Bacharach o, como él mismo cuenta, Orange juice.

Las no más de doscientas personas que en ese momento se encontraban en el escenario VICE mostraban, con el transcurrir del concierto, cada vez mayor comunión con el artista heleno. Hay que decir que a éste lo ayuda en buena medida un carisma construido sobre su bonhomía, su sentido del humor y, por qué no decirlo, un más que tangible rollo queer.

Si quieren una pista adicional, les diré que Evripides es parecido a Mika, pero en bueno.

También supongo que la novedad llegaba en un momento en el que yo andaba muy receptivo. Mucha frescura, justo cuando acababa de ver una actuación bastante sosa de Plastic D'Amour, un grupo al que es difícil ponerle alguna tacha, pero que a mí, escuchado el Olivia un par de veces, no me transmite nada que no sea una gélida eficacia.

El futuro es de los que se atreven a dar un paso adelante en serio, como Zach Condon con sus Beirut, ese grupo donde un tipo con un timbre de voz muy similar al de Thom Yorke -nada más en común con Radiohead- descifra riquísimas melodías con arreglos que remiten, unas veces, a Yann Tiersen otras, a Emir Kusturica y, a veces, hasta a Goran Bregovic. Su puesta de largo en el PS puede condensarse, en lo que a mí respecta, con cuatro ideas: Imposible, sorprendente, necesario, lamentable.

Imposible, no rendirse a la belleza de temas como Elephant gun o Carousels. Sorprendente es igualmente que, tras escucharlos en directo, los ecos de su concierto se destaquen al día siguiente sobre el mamotreto de estímulos musicales acumulados en la cabeza. Necesario, que grupos como Beirut se abran hueco entre el rock clásico en nuestros festivales. Lamentable, mi decisión de cambiar de escenario, a mitad de concierto, para rendir culto a un Antonio Luque que, obedeciendo a su fama, decepcionó en directo.

N
o vi a ningún grupo sonar mal en los tres días del PS... a ninguno, salvo a Señor Chinarro. ¿Por qué? He ahí la cuestión. El sevillano agradeció la atención de "elegir producto nacional... es complicado". Era complicado. Como digo, hube de abandonar el pletórico concierto de Beirut después de sólamente cuatro canciones y, también, renunciar a Maxïmo Park. Con un sonido saturadísimo, una de las vacas sagradas de nuestro indie defraudó a sus seguidores, que aplaudíamos cada tema por inercia, y aburrió a los que no lo eran tanto, que abandonaban poco a poco y discretamente la carpa CD DROME. Y eso que Chinarro eligió el 97% del repertorio de sus dos últimos trabajos, dos discos que no se antojan, a priori, como obras difíciles de trasladar al directo. Lastimita. Esperemos que mejore de cara al contempopranea.

Mis últimas líneas van dedicadas hacia tres nombres muy diferentes entre sí: Jonathan Richman, que encendió el Auditori con un recital de canciones en la hoguera, un tipo absolutamente de vuelta que se ríe de todo y de todos -algo absolutamente infrecuente entre la élite bienpensante que predomina en este tipo de citas- y que no pretende hacer más que una fiesta de cada actuación; así ha sido las últimas veces que ha pasado por nuestro país, como en aquella ocasión junto a Kiko Veneno y Muchachito de hace un par de años.

Muchísimos más serios, The Durruti Column ofrecían en el ATP una prueba de que, tras veinticinco años de carrera, se puede seguir experimentando y manteniendo una granítica coherencia. Vini Reilly, tan hierático e impasible como cuando Paloma Chamorro lo presentaba en La Edad de Oro junto a la avanzadilla arty de la época -Tuxedomoon, Cabaret Voltaire- haciendo vibrar a sus fieles con sus alardes técnicos, su acercamiento a la música del continente negro y la expresividad que, a falta de reflejarse en su rostro, se antojaba secuestrada entre las seis cuerdas de su guitarra.

Mientras, Grupo de Expertos Sol y Nieve había comenzado a agotar su tiempo con "Personalidad empírica", la versión de Franco Battiato que cerraba el lanzamiento de su EP, hace ahora un año. El dream team del rock granadino se mostró como suele. Esto es, relajado, bienhumorado, fresco, espontáneo y haciendo gala del oficio que corresponde a los músicos que ya llevan un buen rato en esto. Como en Los Planetas, uno de los puntos de atención del grupo (de expertos) se encuentra en su batería; un tipo que es feliz haciendo lo que le gusta, que arranca sonrisas a público y compañeros gracias a su optimismo y energía, y en cuyo rostro se dibuja una juvenil satisfacción por lo que parece ser, sencillamente, el disfrute sincero de haber pasado del juego a la fortuna de poder tocar ante un público que, a estas alturas, ya espera con agrado los momentos de lucidez que ofrece el Alegato meridional de este quinteto de conveniencia, de lúdica conveniencia.

Un último apunte. A la organización le pondremos un notable a secas. El cartel era excelso, de eso no hay duda, pero hay que decir que, aunque de manera natural, se vea ampliamente favorecida por la comodidad del recinto -donde, creo que por primera vez en España, se ubica una guardería para los padres modernos- se vio superada en aspectos manifiestamente mejorables, como la incomodidad que supone cambiar los tickets de consumición día tras día, la injusticia económica de tener que abonar un suplemento para asegurarse un sitio en el auditorio, la incapacidad para mejorar un sitio web muy deficiente pero, sobre todo, la falta de información y de coordinación ante los adelantos de horarios del jueves, aspecto que causo disgustos y frustración a más de un visitante y, para lo cual, no hay compensación posible.

De cualquier modo, me encantaría repetir. Espero que haya otra.

Isaac Lobatón
P.D. Los de Heineken han colgado las crónicas de los finalistas de su concurso... yo no quiero ni mirar. Además, después de tantos días -la entregué el viernes- cada vez le veo más defectos. Por si a alguien le interesa. El viernes salen los resultados.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡Hola maestro!
Hemos actualizado el blog.
Estoy igual de loco que tu con lo de encontrarle defectos a las fotos que he mandado. Pero no paro de mirarlas y estoy que no puedo esperar más.
Tu crónica/crítica me parece estupenda y muy bien argumentada.
Ánimo y suerte.

26 junio, 2007 22:33  

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