24 septiembre 2007

El diárico

Alcances, aparte de ser cuando los coches se aproximan peligrosamente a la parte trasera de los camiones en una pendiente acentuada, es un festival de cine que se celebra, desde hace treinta y nueve años, en Cádiz en septiembre. Al principio, cuando era impulsado por Fernando Quiñones, cubría el hueco de ese cine que jamás llegaba a Cádiz: Fellini, Truffaut, Kurosawa... más que un festival era un cine-club ligeramente ampliado.

Con el paso de los años fue quedándose cada vez más rezagado respecto a otros festivales nacionales, como Valladolid o, no digamos, San Sebastián, limitándose cada vez más a traer a Cádiz una panorámica de la temporada cinematrográfica precedente en una ciudad absolutamente huérfana de alternativas en este área. En los últimos años, mirándose en el espejo de Huelva (cine iberoamericano) o Málaga (cine español), se ha optado con buen criterio por la especialización en el documental como solución a su crisis de identidad.

En esta edición ha madurado una iniciativa que ya se esbozó el pasado año. Cada tarde se proyectan tres documentales musicales tratando de que guarden cierta unidad temática entre sí. Este año han sido sólo dos, pues el primer hueco estaba dedicado a programar una selección con lo mejor de La Edad de Oro -el programa de TVE del que hemos hablado aquí en alguna ocasión- que, finalmente, no hemos podido disfrutar. Como colofón, cada noche una banda que guardara una cierta unidad con el tema tratado en los documentales, ofrecía un concierto de media horita más o menos.

Bueno, pues he estado cubriendo este evento para el Diario de Cádiz. Así que durante unos días iré colgando lo que me han publicado. Tenía muy poco espacio, más o menos el equivalente a un tercio de folio, pero bueno... por algo se empieza...

Por cierto, la imagen que ilustra esta entrada es la del cartel de este año. Éste ha sido llevado a cabo por Miguel Ángel Valencia, Miguelo, lúcido y singular artista gaditano. Suena a tópico, pero si hubiera nacido en Madrid, lo tendríamos hasta en la sopa y habría sido portada de El País Semanal cuarenta veces. A veces los tópicos son ciertos. O a veces yo creo en determinados tópicos...

PRIMER DÍA - The Devil and Daniel Johnston - Costus - Nancys Rubias // Previo Rufus Wainwright - Leonard Cohen


PROTAGONISTAS Y ADVENEDIZOS

No hizo falta aguardar mucho al público de Alcances para disfrutar de uno de los momentos más esperados de esta
edición: la presentación en Cádiz del documental sobre Costus, largo tiempo olvidados -cuando no ninguneados- por crítica e instituciones. La obra, dirigida por Ernesto de Chicote, ofreció un rico compendio de testimonios encaminados a esclarecer las aventuras y desventuras artísticas y vitales de Carrero y Naya. Sobre todos ellos, se encaramaron el rigor de Manolo Cáceres, la crudeza de Pérez Villalta y la elocuencia de la historiadora del Arte Esperanza de los Ríos. Y una conclusión desalentadora: Costus desaparecieron poco antes de que la medicina diera con tratamientos que convertían el SIDA de enfermedad mortal a crónica, y cuando, seguramente, no habían dado lo mejor de sí mismos.

Tras ellos, cerró el pastiche-rock encarnado por Las Nancys Rubias, grupo comandado por Mario Vaquerizo que cumplió a medias (público receptivo) con el único objetivo al alcance de su escaso talento: divertir con los restos de serie obsequiados por los hermanos Canut.

Antes, Daniel Johnston, sus pesadillas y sus destellos de genialidad, se habían hecho presentes gracias a The devil and Daniel Johnston, sobrecogedora obra centrada en la vida del cantautor nortemericano, desde su infancia a la actualidad. Recomendable paseo que, sin embargo, no será vuelto a emitir dentro de la duplicación de la que ha gozado el programa Down Vision tras la caída de La edad de oro.


ALUMNO Y PROFESOR

Rufus Wainwright, antes de que le diera por imitar a Judy Garland, solía acabar sus conciertos con una versión al piano de Hallellujah!, un clásico compuesto y popularizado por Leonard Cohen; también era frecuente que salpicara sus actuaciones con otras canciones del maestro, como Chelsea hotel # 2.

Los últimos meses han puesto en valor la carrera de ambos artistas de manera paralela. A Cohen se le ha reivindicado a través de un disco homenaje y del propio documental que tendremos la oportunidad de visionar esta tarde, mientras que Rufus ha visto cómo, definitivamente, su ambiciosa carrera se encuentra en un punto de consolidación y valoración general ciertamente envidiable.

Todo ello ha contribuido a que las comparaciones entre ambos siempre hayan estado presentes en los corrillos de la prensa musical. Los motivos en los que se sustentan las mismas son discutibles. La prensa musical siempre anda sedienta de etiquetas y referentes, con lo que se diría que esta circunstancia ha venido dada más por la honrada admiración que profesa Rufus al cantautor de Montreal que por aspectos verdaderamente positivos y palpables.

Cierto es que ambos son autores e intérpretes de canción pop de etiqueta, poseedores de un virtuosismo que sólo avasalla las emociones más impenetrables y, desde luego, maestros en el ejercicio del dandismo, pero no es menos verdad que cada uno lleva a cabo sus propuestas estéticas desde prismas radicalmente opuestos.

Esta tarde podrán comprobarlo en el Baluarte a través de dos obras que contarán, además de con los testimonios de los protagonistas, con declaraciones de familiares y compañeros de profesión.

Elijan una: La irresistible exuberancia de Rufus Wainwright frente a la intimista sobriedad de Leonard Cohen. Mejor todavía, elijan las dos.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Vamos a ver pase el siguiente, rapidito por favor..., que bueno... me has recordado ese gran pasodoble de la comparsa de Martinez Ares a Fernando Quiñones...

El documental de Cohen lo pude ver este verano por el Digital plus... me hizo mucha gracia cuando Cohen contaba la epoca en la que se hizo monje... con lo que él habia sido...

Mucho exito Huaaaan con esas publicaciones en el diario!!!

24 septiembre, 2007 20:05  

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