29 octubre 2010

David Trueba y la ironía

Ayer tarde asistí a una charla con David Trueba en la Universidad. Siempre me ha parecido un personaje interesantísimo. Tanto o más talentoso que su hermano, algo más discreto y, al mismo tiempo, dotado de una elocuencia muy superior, que ya es decir.

Me gusta leer sus columnas, pero después de disfrutar de su lucidez en directo, me temo que David aún no ha volcado en ellas todo lo que lleva dentro. No hay que preocuparse, porque se trata del tipo de personaje destinado a convertirse con los años en una especie de venerable maestro y gurú; salvando todas las distancias, como sus admirados Azcona, Fernán-Gómez o Haro-Tecglen.

El caso es que ayer me llamó la atención una cosa. La mayor parte de los asistentes acudió a la charla preparada para reirse o con intención de ello. Y reirse es muy sano, sí, pero yo no estoy tan seguro de que Trueba pretenda transmitir comicidad con lo que dice, sino más bien una visión realista y algo cruda del mundo. Creo que cuando asegura, refiriéndose al cine, que el Arte es innecesario y la producción del mismo casi inmoral, no busca el sarcasmo, sino manifestar el constante tormento, las tremendas contradicciones, en las que un artista
, si es que tiene dos dedos de frente, vive inmerso.

Sé que es tirar piedras sobre mi propio tejado, pero hace poco hablaba con un crítico musical que me miraba con cierto asombro cuando yo le insistía en la idea de que los conciertos en directo no interesan a nadie. Es lo que he pensado siempre, pero cada día estoy más seguro de ello. O, mejor, cada día creo que hay menos gente verdaderamente interesada en la música, en directo o grabada, en la cultura, vaya. Tampoco voy a volver a abundar en el contrasentido que me resulta que te paguen por opinar. Sí, son profesiones y actividades que existen, pero, realmente, ¿quién las necesita?

Un artista consciente de su liviandad, de su interinidad, constituye casi por sí mismo una garantía de honestidad. En David Trueba se concentran estas cualidades, además de esa visión del mundo no catastrofista, jamás cínica, pero sí lacónica. Me agrada que una persona pueda ganarse la vida gracias a esa cabeza y, definitivamente, este es el tipo de creador que me interesa; personajes con los pies en el suelo, que provocan la carcajada sin proponérselo, precisamente por esa implacable lectura de la realidad, como le sucede a Elvira Lindo, Francisco Nixon o a Antonio Luque. O como Sergio Algora, de quien siempre se dice que nunca entendió que a su alrededor sobreviniera la risa a partir de sus delirantes interpretaciones del mundo.

En Madrid, sin embargo, visité la exposición dedicada a Fellini y no vi a nadie reir. Jovenes gafipastis con pañuelos en el cuello y barbita cuidada de tres días desfilaban sin mover un músculo ante la formidable catarata de disparates que el cineasta producía sin ningún esfuerzo, calcando prácticamente la cotidianidad circundante, y haciendo buena muchos años antes la máxima de Algora: "
¡No es surrealismo! La vida es así". El mundo al revés.

* La foto está robada del Diario de Cádiz

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26 octubre 2010

Cinco años de Tentari

¡Qué parón! Tan largo que ni siquiera he subido el "Ni crimen ni castigo" de octubre, lo único que escribí para el número de este mes que ya termina.

Eva Marín cierra temporalmente su blog. No por una crisis de ideas, sino, creo, porque algo importante le espera. Mientras, yo, que tampoco sufro ninguna crisis de ideas (siempre he pensado que lo peor que le puede pasar al blog es que te anticipes un mes o dos a un tema, como, por ejemplo me ha pasado este año con la vuelta al cole, porque luego nunca escribes lo que tenías pensado) me he visto mediatizado por falta de tiempo unas veces y abulia otras, pero sigo aquí. Y hace de ello, que es a lo que iba, cinco años ya. En realidad, y oficialmente, cinco y algunos meses, aunque con regularidad, si es que se puede llamar así, Tentari empezó a rodar en el otoño de 2005, en el contexto de una etapa muy especial para mí, mi última y mejor etapa en Madrid.

Trescientas veinte entradas más tarde, este blog me ha dado muchas alegrías, sobre todo en forma de visitas de gente conocida, que se toma la molestia de robarle minutos a su ocio para echar un ratillo aquí, las más de las veces por "simple" gratitud y amistad, lo que me resulta muy emocionante. O visitantes totalmente desconocidos, lo que, lógicamente, siempre tiende a resultarme extraño. Algunos, como Eva o Javier, ya no son desconocidos, sino amigos, y pilar fundamental para la existencia de este blog. También me he llevado algún que otro sofocón, pero compensa.

Entre todas las personas que me han apoyado, tengo que destacar por encima de todas (no sé si lo he hecho alguna vez) a Juan que fue quien abrió y dio de alta el blog, algo a lo que yo era absolutamente reacio.

No me planteo cerrarlo porque le tengo muchísimo cariño, aunque debería guardarle más respeto y tratarlo mejor. Creo que renovaré la plantilla, anticuadísima, y le añadiré esos enlaces a facebook y tal que ahora tiene todo el mundo, aunque trataré de mantener el aspecto sobrio del conjunto. Agradeceré si alguien me indica si, al modificar la plantilla, corren riesgo las entradas y maquetaciones antiguas.

Mientras, dejo abajo el "Ni Crimen Ni Castigo", pero antes una selección de algunas de las cosas que puedo volver a releer sin sentir vergüenza para celebrar estos cinco años:

- Un post dedicada a La Costa Brava que Fran enlazó en su antiguo blog de 20six. Aquello me dejó de piedra. Fue mi entrada en la era 1.9, porque creo que el 2.0 todavía no existía
- Un especial sobre Carlos Berlanga
- Lo que escribí sobre el Primavera Sound 2007. Uno, dos y tres. La visita a ese festival me valió, gracias a gestiones que yo
NO realicé, publicar en todos los sitios donde lo hice luego. En algunos de ellos continúo
- Las cosas que sólo se pueden hacer en los blogs
- Un poco de leit motiv
- Y algo sobre Nueva York, claro

Y nada, después de este alarde de autocomplacencia, dejo el Ni Crimen Ni Castigo de Octubre, dedicado a Diego Manrique.

¡BUEN VIAJE, TENIENTE DAM!


A veces, uno se ha sentido un simple por mostrar su tristeza por la desaparición de la parrilla de Radio 3 del “Diario Pop” o del “Bulevar” y, con ellos, de Jesús Ordovás y Chema Rey. La radio no ha vuelto a ser la misma desde que, junto con otros grandes como Iñaki Peña o el mismísimo Ramón Trecet, fueron purgados por diversos motivos o estratagemas empresariales de dudosa rentabilidad. Este verano, el ente público ha decidido dar puerta a Diego A. Manrique, probablemente el más respetado periodista musical de este país.. Ya sólo les falta por eliminar a Juan de Pablos; entonces habrán logrado acabar para siempre con la libertad (¡qué miedo, poderosos!) que caracterizó durante siempre a la emisora. Algún día, cuando volvamos la vista atrás, quizá seamos capaces de valorar lo que fue Radio 3: un grupo de iluminados que, muy probablemente, y uno por uno, se creían en posesión de una verdad irrefutable, porque cada uno de ellos se permitía el lujo de programar y decir en su espacio exactamente lo que le salía del rabo: estaban en la radio pública y nadie les iba a echar. Se les tachaba de vagos, vendidos, elitistas, prepotentes, aburguesados y, quién sabe si en todo o en parte, esos adjetivos no eran del todo injustos, pero yo, y otros muchos, pasamos mañanas y tardes aprendiendo música con esos que, a la postre, acabaron mereciéndose el título de maestros del periodismo musical. Por mi parte, pronto comprendí que tamaña libertad resultaba algo insólito; un impagable tesoro que preservar y el mayor valor de Radio 3, un nombre que ya sólo sirve para designar a una emisora de radio.